En un grupo de sociedades, la holding puede orientar la inversión y supervisar los resultados, mientras las filiales desarrollan las actividades y contratan con clientes y proveedores, una organización que exige claridad sobre los límites de la supervisión, el proceso de decisión y quién representa y vincula a cada sociedad.
Una cuestión práctica importante es la organización de los servicios compartidos, como los jurídicos, financieros, de recursos humanos y de compras, definiendo el alcance del servicio, la responsabilidad de quien lo presta, el método de cálculo de su coste y el circuito de aprobación de decisiones en la sociedad beneficiaria.
La financiación entre sociedades del grupo, el uso de activos y la prestación de garantías también requieren documentos que expliquen el objeto y las condiciones de cada operación e identifiquen a quienes están facultados para aprobarla, observando las normas sobre conflictos de intereses cuando resulten aplicables y preservando el interés de cada sociedad y los derechos de sus socios y accionistas.
Esta organización cobra especial importancia cuando se multiplican las actividades o un inversor entra en una filial, porque es necesario conocer los derechos y las obligaciones de cada entidad y evaluar sus resultados con claridad.
Un buen gobierno del grupo ayuda a la holding a cumplir su función inversora y de supervisión y ofrece a las filiales un marco claro para su actividad y la rendición de cuentas.




